Mi danza no es perfecta, es mi vida.
Mi mente tiene ubicadas claramente las limitaciones: la flexibilidad es un desafío diario, lo que debería ser lineal no lo es y las curvas cuando deben salir no salen. Comencé 'tarde' en esto y no soy la bailarina precisa que me gustaría ser. Pero justo ahí, donde las formas me fallan, mi única opción es la entrega. En cuerpo, en alma, en espíritu, en pensamiento e imaginación. En cada clase, en cada ensayo, lo doy todo. Porque es ahí donde encuentro mi arcoíris, una sensación inconmensurable que solo siento yo. Este es mi tesoro. Y es precisamente este sentir —inútil, imperfecto, difícil de entender— el que me obliga a la búsqueda. Busco cómo compartirlo con otrxs y en el camino encuentro que la danza no es la meta, sino el habitar este deseo, este esfuerzo incesante. Mi danza no es perfecta; pero es la vida sucediendo, aquí, ahora.